¿Todo vale?

Es muy probable que en algún momento de nuestra vida hayamos sido “atrapados” por los sentimientos que despertaban ciertas imágenes en nosotros. Es cierto que “una imagen vale mal que mil palabras”, que las fotografías y los vídeos pueden hacernos sentir en un solo vistazo sensaciones muy profundas y complejas. Sin embargo, cuando esas imágenes implican denigrar a las personas que aparecen y les arrebatan sus derechos, ¿es lícito su uso?

No, en Educación para el Desarrollo no todo vale. El uso de ciertas imágenes va en detrimento de algunos de los objetivos principales de esta disciplina y bajo ningún concepto debemos consentirlo. A pesar de que esas imágenes agresivas y mediáticas creen una “onda expansiva” y lleguen más lejos que otras, es necesario decir “no”. 

Desde nuestra posición como docentes y/o educadores para el desarrollo, ¿cómo podemos contribuir a ello? Lo más adecuado es consultar el Código de Conducta elaborado por la Coordinadora de ONGD en el que se especifican los modos correctos de hacer uso de la información y de las imágenes. Desde mi punto de vista, es interesante leer con detenimiento el apartado “No hay varitas mágicas pero sí preguntas clave”, donde se lanzan una serie de preguntas que debemos de hacernos antes de usar cualquier imagen, por ejemplo: “¿y si el que aparece fuera alguno de tus familiares?” Es una forma totalmente efectiva de hacernos reflexionar y dar marcha atrás si íbamos a usar imágenes inadecuadas.

Es imprescindible que en las imágenes o textos utilizados en nuestro aula o en diferentes campañas se dignifique a las personas que aparecen, evitando situaciones agresivas o sacadas de contexto que no den una idea real. Además, el protagonista de la fotografía debe ser el afectado, no la ONG o el futuro donante, luchando contra un concepto paternalista y de superioridad. En cuanto a la información escrita, es necesario que esté escrita del mismo modo, aportando una visión positiva y profunda que invite a la participación activa y a largo plazo frente a las acciones puntuales.

Por otro lado, en el Código de Conducta se destina un apartado para el uso de las Redes Sociales en el ámbito de la Educación para el Desarrollo. Como hemos comentado en otras entradas, las RRSS son un medio de difusión de EpD muy importante en la actualidad. No obstante, es necesario realizar un buen uso para que el trabajo sea efectivo, sano y sostenible. Por ello, es necesario conocer cómo funciona cada red social y cómo podemos sacarle el máximo partido según su naturaleza. Así, en Instagram las imágenes toman especial importancia, mientras que en Twitter es interesante crear hilos en torno a una noticia o temática concreta.

En la actualidad, este Código de Conducta se está viendo afectado debido a la falta de fondos y crisis mundial. En consecuencia, se siguen realizando campañas agresivas que llevan a una recaudación inmediata y a corto plazo. Por lo tanto, queda en mano de los ciudadanos el apoyo a unas campañas u otras, siendo imprescindible la reflexión a través de preguntas anteriormente citada.

En mi opinión, es imperdonables que se sigan realizando fotografías como la del fotógrafo húngaro en la que la protagonista era una modelo bien vestida y equipada representando a una refugiada siria. Este tipo de contenido hace daño a los afectados y no promueve una empatía sana en los receptores. 

¿Y tú, qué piensas?

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