Una historia conmovedora
A todos o a casi todos nos suena la historia de Alan Kurdi, el pequeño sirio de cuatro años que apareció muerto en una playa turca en 2015. Sin lugar a dudas, se trata de una historia conmovedora, pero a la vez aterradora.
Conmovedora porque se trata de un niño, de un pequeño que con solo cuatro años abandonó sus sueños. Como podemos leer en el artículo de El País: ''Un niño es el mundo entero''. En los niños está la esperanza, la alegría, el futuro... Los niños son el mundo entero, son el motor que mueve a todo lo demás y, por ello, es inadmisible que sus vidas se pierdan de esta manera.
Aterradora porque es real, refleja la situación que una gran cantidad de personas viven día a día para huir de sus hogares a causa de la guerra. Para nosotros, los residentes de países desarrollados son conflictos activos, es inimaginable que esto sea una realidad. Esta historia nos puso los pies en la tierra una vez más, sin embargo, no ha dejado de repetirse hasta el día en el que hoy vivimos.
Como comenta el padre de Alan en El Mundo, desesperados acudían a Grecia con la intención de llegar a algún país europeo donde pudieran vivir en paz y con unas condiciones dignas. Para él, España es un país bonito y seguro, en el que la gente es agradable, sin embargo, él quiere vivir en su patria. Desde mi opinión, este es un mensaje que debería llegar a todos y cada uno de los ciudadanos del mundo, en concreto a los países del Norte, ya que todavía se escuchan comentarios racistas referidos a los migrantes que huyen de la miseria y el peligro y nos hace entender que vienen porque no les queda otra, aún sabiendo que pueden perder la su vida y las de sus seres queridos en el intento.
A raíz de la tragedia, Abdalá, el padre de Alan, ha emprendido un camino de ayuda humanitaria, a través del cual trata de proteger a aquellos niños que viven en el escenario en el que sus hijos pasaron sus primeros años de vida.
Me gustaría decir que ojalá esta conmovedora y aterradora historia sirviera para frenar este desastre, pero cinco años después sigue ocurriendo. Sin embargo, aunque tengamos que lamentar tantas pérdidas, no todo está perdido. Debemos tomar el ejemplo de Abdalá, resurgir de las cenizas y seguir luchando.


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